miércoles, 27 de junio de 2018

Colección Nippur de Lagash Volumen 5: Un misterio llamado muerte

Llegamos a la quinta entrega de los tomos dedicados al sumerio más pulenta y a uno de los momentos más destacados de la travesía de Nippur, cuando en su largo peregrinar a Akad (¿posta Sargón lo sigue esperando? Hace dos tomos que está en camino, espero que no lo precisara para algo urgente como… no sé… ¡que le alcance papel higiénico!) se cruza con cierto sujeto llamado Gilgamesh.



IT’S CROSSOVER TIME!
Por un lado, ¿por qué ese nombre ‘nos suena de algún lado’? Gilgamesh es a la cultura sumeria lo que Beowulf es a los anglosajones pero anterior: Gilgamesh fue un rey de la ciudad-estado de Uruk convertido en figura mitológica en los primeros escritos de los que se tiene registro. ‘La epopeya de Gilgamesh’ se considera inspiración directa de ‘La Ilíada’ y ‘La Odisea’ e incluso de la Biblia. Y por supuesto, de varias historietas, siendo la más famosa ‘Gilgamesh, el inmortal’, creada y dibujada en su totalidad por Lucho Olivera, con distintas etapas de guiones a cargo del propio Olivera, Sergio Mulko, Robin Wood, Ricardo Ferrari y Alfredo Grassi.

La serie de Gilgamesh empezó a publicarse en el 69, poco después de Nippur y de 1970 es el capítulo ‘Yo vi a Gilgamesh buscando su muerte’ presentando el encuentro de ambos personajes. Una historia cruda, bajonera, donde nos toca la fibra sensible el terrible pesar de Gilgamesh, ‘bendecido’ con la inmortalidad aunque mil años después lo considera una maldición. La síntesis de tinta e iluminación que usa Olivera en la viñeta final, con Gilgamesh alejándose y Nippur contemplándolo es una obra maestra del impacto dramático.

Hablando de inmortales y esas yerbas, me llama la atención la proliferación de elementos sobrenaturales en este tomo. En los anteriores hubo algunas tormentas interpretadas como mensajes de los dioses, adivinos con más o menos la posta y hasta un monstruoso pulpo gigante pero acá directamente hay tatuajes místicos (‘Los fantasmas de sangre’), enemigos indestructibles (‘Un misterio llamado muerte’) y dioses que aunque no se los ve son bastante claros en su mensaje (‘Hombres, dioses y agua’)

Igual dos de los capítulos que más me emocionaron no recurren a nada raro y hablan de la pura maldad del hombre, del temor a lo que no se comprende ni se busca entender. ‘El ciego rey del sueño’ es poesía pura, con un personaje tan loco como esperanzado. Y ‘Ennam, el de los pantanos’ también es un capitulo para llorar a moco tendido. Maldito Wood, no puede construir personajes y situaciones en tan pocas páginas que calen tan hondo, que guacho. Está bien que recurre a kilómetros de texto pero con la cadencia y ritmo justos para contar lo que quiere contar.

Me queda ‘No mates al hombre, cazador’ que no es un capitulo descollante pero maneja bien uno de los recursos que Wood usó por primera vez en el tomo anterior: la primera página con Nippur metido en pleno quilombo y después contar como llegó ahí en ‘flashback’

De los siete capítulos Olivera en dos cumple con lo apropiado: pocos fondos, pocas líneas en los personajes pero siempre impecable en la presentación de la historia. En los otros cinco se va a la mierda de lo groso que es: juegos de claro oscuro, collage, portadillas que quitan el aliento y una expresividad notable en los personajes.

Lo único que lamentó de Olivera es que investigando un poco lo de Gilgamesh pispié los capítulos de esa serie dibujados a comienzo de los 80’s… y mamita… ojalá llegue a ver ese nivel de desconche visual en Nippur pero lo veo difícil.

Eso sí, si les pico el bichito por el Gilgamesh de Lucho aprovechen los tres libros editados por Doedytores que recopilan la primera época.


¡Hasta la próxima!

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