martes, 13 de diciembre de 2016

Comic: Vertigo - CMYK

Guión: Varios
Dibujo:Varios
Editorial: DC/Vertigo



Justo en la reseña anterior hable de una antología argentina y ahora me toca el mismo menester con una pergeñada en el sello Vertigo, experto en retomar este formato que en USA fue furor hasta los 80’s pero después cayó en desuso. El sello para adultos de DC le encontró la vuelta con varias miniseries que reusaban viejos títulos como “Weird War Tales”, “Weird Western Tales” o “Strange Adventures” para sugerir una conexión temática (mínima por lo general) a todo un ejército de guionistas y dibujantes. Así pasaron antologías centradas en la guerra, el romance, el terror, lo sobrenatural, etc.

En el caso de “Vertigo: CMYK” la propuesta es más rara y ambigua: los autores convocados pueden hacer lo que se les cante el quinto forro de las pelotas mientras esté presente (ya sea en el argumento o desde la parte visual) uno de los cuatro colores usados en la impresión: cyan, magenta, amarillo y negro.

¿Raro, no? Por un lado este tipo de consigna esta buenísima porque abre los límites de la experimentación, no obliga a los autores a tener que manejar un género o temática en particular y sirvió para convocar autores provenientes de palos más alternativos, varios de ellos argentinos; pero por otro lado el resultado final tiene muchos altibajos, muchas historias que no me dicen nada o no me movieron un pelo.

Vamos por partes arrancando con el cyan:

-“Serial Artist” de Shaun Simon y Tony Akins es un buen arranque; la idea del artista homicida en nombre del arte es trilladísima pero me gustó como esta llevada; el final es un poco apresurado pero no desentona. El dibujo tiene algunos aires a Frank Quitely pero sin zarparse, tranquilo.

-“918” de Joe Keatinge y Ken Garing cumple en lo grafico pero tiene una historia muy simple trasladada a un entorno futurista para darle un look más exótico.

-“Blue Sundae” de Lee Garbett y el maestro británico Jock tiene mucha acción y va a las chapas. No termine de entender el chiste de los repartidores de helados como una especie de hermandad de caballeros medievales pero igual la disfrute por su ritmo, diálogos y gran dibujo.

-A “So blue” de Amy Chu y Alitha Martinez se le ve el final a la cuarta página pero igual se deja leer.

-“Much ado about nothing” de Monty Nero y Al Davidson es la primer gran sorpresa. Se podría decir que es un thriller pero con una presentación de viñetas muy interesante y muy funcional a la historia. No quiero contar mucho más porque vale la pena leerla.

-“Rebolt” de Cris Peter y Ana Koehler tiene un gusto muy fuerte a aventura europea con trasfondo steampunk y parece más el prologo, el primer capítulo (o menos) de una saga que daba para mucho más. Una pena que quede en ocho páginas algo con mucho potencial.

-“Madame Bluebeard” de Robert Rodi y Javier Fernández es simpática, nada del otro mundo en su trama pero tiene el encanto de estar ambientada en la Edad de Oro de Hollywood. La vuelta de tuerca me gustó mucho.


-“Once upon the end of time” de James Tynion y el argentino Martin Morazzo hace más foco en el conflicto de los protagonistas que en el entorno en que transcurre la acción, lo que es una pena porque daba para desarrollar  un poquito más. Igual es una historia sentimental y con un dibujo excelente.






A ver que nos trae el color magenta:

-“Bone White, blood red” de Rachel Deering tenía posibilidades de ser una historia con mucho clima a partir de una idea simple; pero es tan breve que queda en la nada misma; además estoy casi seguro que me perdí algunas referencias musicales. El dibujo del tano Matteo Scalera (muy conocido por “Black Science” con Rick Remender) es vibrante y lleno de dinamismo.

-“Who is Uber?” de la española Carla Berrocal no tiene nada que ver con el sistema que le hace la competencia a los taxis pero si con luchar contra los sistemas establecidos, con quebrar el molde y rebelarse, combinado con una idea muy piola sobre el rol de los superhéroes en esa cuestión. El dibujo es síntesis pura, muy estridente y atractivo. La única cagada es que como varias buenas ideas en este libro es otra que queda limitada a sus breves páginas.

-“Adrift” escrita por Jody Houser es emotiva, divertida y hasta puede llegar a sacar una lagrima. Todo muy bien acompañado con el impresionante dibujo de Nathan Fox

-“Gem Pockets” de Annie Mok y Dawson Walker es la historia en TODO el volumen que menos me copo. Ojo, no puedo decir que sea mala, solo que claramente yo estoy a años luz del público al que está dirigida. Seguro hay gente que le encuentre profundidad o picardía a los diálogos o que se cope con ese dibujo digno de un fanzine pedorro.

-“The shoe in the attic” no es el plato mejor cocinado por el master chef Peter Milligan pero si una de sus guarniciones con sus ingredientes habituales (obsesiones, secretos familiares y perversiones) por lo que el sabor final es satisfactorio. El dibujo de Rufus Dayglo es un poco demasiado caricaturesco pero cumple con su propósito.

-“Magenta is not a colour” es… algo raro, no me termina de cerrar tanto como historia sino como una tesis de diseño gráfico a cargo de Rian Hughes. Hay como una trama insinuada pero más que nada son reflexiones de la protagonista provocadas por tratar el tema del color. El dibujo sin ningún tipo de línea negra de contorno es muy atractivo y capta mucho más la atención que los captions de texto.

-“Captives” de Michael Moreci y el italiano Andrea Mutti refleja muy bien la angustia y aislamiento de sus protagonistas. La trama…. bien gracias.

-“Gloves” de Ryan Lindsay es una historia con mucho suspenso, buenas caracterizaciones y un trabajo excepcional de Tommy Lee Edwards en los gráficos. Puede ser tranquilamente la base de un buen guión cinematográfico.

Pasamos al color amarillo

-“The vision of Sita” es un conflicto pequeño enmarcado dentro de algo más épico, no está mal pero tampoco me voló la bocha. El dibujo del argentino Emilio Utrera es hermoso.

-La historia sin título de Gerard Way y Phillip Bond me encantó, juega con la imaginación y la sensación de que ser superhéroes es un juego de chicos (y grandes). Y siendo un guión de Way, es muy lineal y fácil de entender, nada pasado de rosca.

-“End of line” de Toryl Orlesky tiene un clima surrealista muy logrado y un trazo simple y elegante.

-“Playthings” es un guión simplón de Margarite Bennett pensado para el lucimiento grafico del gran Bill Sienkiewicz, que también se queda a media pila. Igual es una linda seguidilla de imágenes shockeantes.

-“The Signal” es una aplanadora total conducida por los cracks argentinos Diego Agrimbau y Lucas Varela. Un clima apocalíptico muy logrado y narrado desde la perspectiva de chicos, lo cual lo hace más desgarrador aún y una de las pocas historias que realmente hacen al color parte fundamental del conflicto. Es un gustazo ver que en una antología yanqui, con grandes nombres ya establecidos, dos autores nacionales debutan y la rompen con todo.

-“The Black Cade” del portugués Joáo M. P. Lemos tiene un dibujo muy ganchero, simple y elegante y una lograda ambientación medieval mezclada con cuento de hadas terrorífico.

-En “Amber” el versátil dibujante Taylan Kurtulus pela un estilo parecido al de Dean Ormston para una idea simpática del guionista Matt Miner, llevada muy bien por los diálogos.

-Detrás del extrañísimo título de “The Cataphract of the Yellow Lotus” hay una historia de Benjamin Read redondita que insinúa mucha épica, con diálogos cargadísimos de dramatismo y metáforas. El dibujo de Christian Wildgoose no asombra pero cumple.

Y finalmente llegamos al color negro….

-“The Dying of the light” escrita y dibujada por Francesco Francavilla es muy inquietante y aprovecha a la perfección la consigna del color y las posibilidades del comic.

-Otra que juega a la perfección con la consigna es “Super BlackOut” de Gene Luen Yang y Sonny Liew, además de lograr una pieza muy divertida y emotiva en tan pocas páginas.

-Como el titulo lo indica “Sweet Tooth: Black” es una historia corta en el mismo mundo de la serie escrita y dibujada por Jeff Lemire. Sin haber leído nunca la serie principal, esta breve precuela me cebó a querer saber más del mundo de Gus, el chico con cuernos de venado.


-“Fade” es una obra menor de una de las duplas autorales más consolidadas dentro de Vertigo, Steve Seagle y Teddy Kristiansen. Hay una especie de disertación filosófica que el danés usa como excusa para una serie de imágenes hermosas y nada más. Un lindo bostezo.

-“The Night of the Black Stant” es una aventura que presenta sin estridencias y con mucha corrección el mundo fantástico donde transcurre, el conflicto y la resolución. Quiero ver más trabajos de David Baillie y Will Morris.

-“American Gothic” de Mary K. Choi y la española Ana Galvañ (con la Ñ al final) me pareció un capitulo de “Daria” (si, la serie animada de MTV) al revés: el gótico, deprimente y cínico es el mundo mientras la protagonista trata de encajar en otro molde. Se deja leer, tiene buenos diálogos, el final un tanto apresurado y un dibujo en ese estilo bien del palo indie, muy simple, con todas las caras de perfil que a mi mucho no me cabe pero tampoco me parece malo.

-“Black Death in America” es una patada directa a los huevos, una historia durísima de Tom King sin ningún tipo de anestesia, incluso con un trabajo ultra realista de John Paul Leon en la composición grafica. Te deja bajón pero igual está muy buena para leer, con el plus de estar basada en la vida real de un soldado de color y sus penurias post-Segunda Guerra Mundial.


-“Black Heaven” de Si Spencer y Nimit Malavia tiene una historia que parece escrita por Paulo Cohelo pero zafa por el dibujo.

Para lo ultimo dejó la rareza de la antología y uno de sus puntos más altos: los hermanos Gabriel Ba y Fabio Moon (el dúo maravilla de Brasil que conquistaron los USA con “Daytripper”) se turnaron dos veces cada uno para contar una historia con el color correspondiente pero que a la vez es parte de un arco argumental más largo. O sea que en forma “encubierta” se mandaron una mini saga de cuatro capítulos muy emotiva, con personajes creíbles, ciertos toques surrealistas, un lindo mensaje de enfrentar los cambios como oportunidades (y no adversidades) y sobre todo un dibujo de la san puta madre.

El balance final de CMYK tiende a ser positivo aunque no sentí esa satisfacción general de haber leído mucho material bueno y un poco regular que me habían dejado antologías anteriores de Vertigo. En este caso fue más la sensación de haber leído algunas joyas, varias cumplidoras con lo justo y varias otras que simplemente me parecieron sin sentido de ser o pertenecer acá.

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